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Presupuesto de la Seguridad Social: los jubilados no deben ser la variable de ajuste

La Asamblea Nacional inicia este martes el examen del presupuesto de la Seguridad Social para 2027, ya rechazado en comisión y sin mayoría. La congelación de las pensiones por encima de un umbral modesto plantea una doble cuestión: la de la justicia del esfuerzo y la del papel del Parlamento.

Traducción de un artículo publicado originalmente en francés. Leer en francés

Por La Rédaction LSRPublicado el 20 de octubre de 2026 a las 17:21· 4 min de lectura

Mientras el país tiene la mirada puesta en la calle, otro texto decisivo para la cohesión nacional llega al hemiciclo. Este martes por la tarde, la Asamblea Nacional comienza el examen en sesión del proyecto de ley de financiación de la Seguridad Social para 2027, según el sitio oficial de la institución. El debate se abre en condiciones poco favorables para el Gobierno: el texto fue rechazado en comisión, y la votación sobre la parte de ingresos del presupuesto del Estado tuvo que aplazarse por no haberse terminado el examen de las enmiendas.

Los hechos

El objetivo anunciado es ambicioso. Según LCP, el Gobierno aspira a un déficit de la Seguridad Social de 12.700 millones de euros en 2027, frente a 21.800 millones en 2026. L'Échiquier social, que se basa sobre todo en la AFP, calcula el esfuerzo en unos diez mil millones de euros, soportado principalmente por el gasto.

La medida más debatida afecta a las pensiones. Las pensiones básicas más modestas, por debajo de un umbral situado en torno a 1.260 a 1.280 euros mensuales según las fuentes, se revalorizarían al nivel de la inflación en enero. Por encima, la revalorización se reduciría, o incluso se congelaría. El Gobierno espera obtener unos 4.000 millones de euros, informa LCP. El texto prevé también una congelación de las prestaciones familiares al nivel de 2026, un aumento limitado al 2 % del gasto del seguro de enfermedad y rebajas de precios exigidas a la industria farmacéutica, según L'Échiquier social. El RSA, el subsidio para adultos con discapacidad y el mínimo de vejez no se verían afectados.

Una parte del ahorro en sanidad escapa además al voto de los diputados. Como señala el sitio NosParlementaires, el aumento de los topes de las franquicias médicas se decidió por decreto en septiembre, al igual que varias reducciones de reembolso, en odontología o transporte sanitario.

En comisión, la supresión de la congelación de las pensiones fue votada por grupos que van desde La France insoumise hasta el Rassemblement national, pasando por los socialistas, los ecologistas y la Droite républicaine, según LCP. El ponente general, Thibault Bazin, consideró que la comisión había así «disparado con munición de fogueo».

Las posiciones en juego

El Gobierno defiende un esfuerzo que considera equitativo. Ante el Senado, el ministro de Cuentas Públicas, David Amiel, explicó que sin medidas de freno el gasto en pensiones aumentaría en unos 13.000 millones de euros el año próximo, según Public Sénat. Sostiene que eximir a una generación del esfuerzo crearía precisamente la fractura generacional que se pretende evitar, y recuerda que los jubilados representan en torno a una cuarta parte de la población.

Un esfuerzo necesario para no crear una fractura generacional — David Amiel, según Public Sénat

Este argumento merece ser escuchado. Francia debe controlar sus cuentas sociales, y sería injusto hacer recaer todo el esfuerzo sobre los activos y los jóvenes.

La oposición responde en dos planos. En el fondo, el diputado del RN Christophe Bentz habla de un «recorte escandaloso», mientras que el diputado de LR Corentin Le Fur considera que la medida enfrenta «a las generaciones entre sí», según L'Échiquier social. En cuanto al método, la socialista Sandrine Runel lamenta, siempre según este medio, que las enmiendas de la izquierda se hayan descartado sin negociación, a diferencia del año pasado. El PS defendía en particular una CSG progresiva aligerada para los salarios bajos, rechazada en comisión.

El análisis

La cuestión no es si hay que ahorrar. Es quién soporta el ahorro y cómo se decide.

En el primer punto, proteger las pensiones pequeñas es algo positivo. Pero un umbral en torno a 1.270 euros sigue siendo bajo: una pensión de 1.400 euros no tiene nada de privilegio, sobre todo para una persona sola frente a las subidas de precios. Por otra parte, el Gobierno se ha mostrado abierto, según LCP, a una revalorización parcial entre ese umbral y 2.000 euros. Esa es la vía que hay que profundizar. Un mecanismo progresivo, que pidiera más a las pensiones más altas, sería más justo que un escalón brutal.

En el segundo punto, la deriva es preocupante. Cuando las franquicias y los reembolsos se deciden por decreto, y el propio texto corre el riesgo de terminar con un 49.3 o por ordenanzas, el Parlamento pierde el control sobre lo que afecta más directamente a la vida de los asegurados. Para un gaullista apegado al Estado, esta pendiente no es una muestra de autoridad. Al contrario, debilita el consentimiento al esfuerzo, sin el cual ninguna reforma se sostiene.

Por último, el contexto cuenta. En un momento en que una parte de la juventud se manifiesta para obtener medios en sus institutos, enfrentar a jóvenes y mayores sería la peor de las respuestas. La solidaridad entre generaciones es el corazón mismo de la Seguridad Social creada en 1945.

Conclusión

El Gobierno no tiene mayoría, pero aún tiene tiempo para construir un compromiso. Una vía sencilla: elevar el umbral de revalorización completa, establecer una indexación decreciente hasta 2.000 euros y someter al voto del Parlamento los aumentos de los costes a cargo del paciente que hoy se deciden por decreto. La pregunta se plantea ahora a los diputados: ¿aceptarán construir este compromiso o dejarán que el Ejecutivo decida solo?

Artículo redactado con la ayuda de la inteligencia artificial.

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