Ley «casseurs-payeurs» en el Senado: castigar a los alborotadores sin hacer pagar a los manifestantes
El Senado examina a partir del martes un proyecto de ley que haría a los participantes en una concentración violenta colectivamente responsables de los daños, hasta 10.000 euros por persona. Endurecido en comisión, el texto plantea una cuestión de fondo: ¿cómo reparar sin debilitar la libertad de manifestación?
Traducción de un artículo publicado originalmente en francés. Leer en francés

Al día siguiente de un segundo sábado de movilización contra la carestía de la vida, el Senado abre el martes 27 de octubre el examen en sesión pública del proyecto de ley llamado «casseurs-payeurs» («quien rompe, paga»). Dedicado oficialmente a la reparación de los daños causados por violencias o destrozos en el espacio público, el texto llega al hemiciclo claramente endurecido por la comisión de leyes. El momento es delicado: hay que responder a las víctimas de los destrozos y, a la vez, preservar una libertad que la Constitución protege.
Lo que prevé el texto
Presentado en el Consejo de Ministros el 16 de septiembre, el proyecto de ley, publicado en la web del Senado, crea una forma de responsabilidad civil colectiva. Como resume Maire-info, toda persona que haya permanecido en una concentración tras una orden de dispersión podría ser condenada a participar en la reparación de los daños, hasta 10.000 euros por persona, aun sin ser su autora directa. Para quienes no puedan pagar, el texto abre una excepción a la inembargabilidad de las prestaciones familiares y de las ayudas a la vivienda, recuerda la Banque des Territoires.
El Gobierno asume esta elección. La portavoz Maud Bregeon habló de una «forma de responsabilidad colectiva», y el primer ministro Sébastien Lecornu quiere, según la Banque des Territoires, que los autores carguen con el coste de sus actos. El contexto pesa: según la misma fuente, unas 2.000 personas fueron detenidas en el marco de las violencias de las últimas semanas, el 90 % de ellas menores según el ministro de Justicia Gérald Darmanin.
Una comisión que apretó todas las tuercas
Reunida a puerta cerrada el 21 de octubre, la comisión de leyes adoptó una docena de enmiendas, casi todas en el sentido de un endurecimiento, según Maire-info. Mediapart, citado por Le Club des juristes, informaba también, según participantes, de que varias de estas modificaciones endurecen el texto. El RSA (renta mínima) se sumaría a la lista de prestaciones embargables, preservando un «mínimo vital». El uso de drones se simplificaría. Una pena de prohibición de entrada en el territorio de diez años se aplicaría a los extranjeros mayores de edad condenados, y la pena por participación en un grupo violento pasaría de uno a tres años de prisión.
Los ponentes, David Margueritte (LR) y Olivier Bitz (centrista), añadieron sin embargo una garantía útil: las personas presentes por un motivo legítimo, como los periodistas, no podrían ser condenadas por su mera presencia. Según Public Sénat, el ministro del Interior Laurent Nuñez apoyará la mayoría de estas enmiendas.
Las posiciones en juego
Los partidarios del texto esgrimen un argumento serio. Los comerciantes, los municipios y los contribuyentes pagan hoy los escaparates rotos y el mobiliario urbano destruido, aunque la ley de 2019 ya permitía al Estado dirigirse contra los autores, sin grandes resultados por no poder identificarlos. El presidente del Senado, Gérard Larcher, consideró en Le Figaro que, en caso de impago, no había que descartar nada. El Gobierno insiste, según Maire-info, en que no se trata de una responsabilidad sin culpa: la falta consistiría en permanecer tras el aviso de dispersión.
En la izquierda, la crítica es frontal. El senador comunista Fabien Gay teme, según Public Sénat, que ya no pueda celebrarse ninguna manifestación. La presidenta del grupo de La France insoumise en la Asamblea Nacional, Mathilde Panot, ve en él «un arma de represión masiva» y considera el texto probablemente contrario a la Constitución.
Los juristas consultados por Public Sénat están divididos. El penalista Olivier Cahn ve en él «una responsabilidad civil objetiva» que deja un amplio margen de apreciación a la fiscalía. Nicolas Hervieu, de Sciences Po, teme que el dispositivo quede en «papel mojado» y prevé un recurso ante el Consejo Constitucional. Paul Cassia considera que la libertad de manifestación no se ve directamente vulnerada, pero que queda restringida en segundo plano. El Consejo de Estado, por su parte, exigió que la falta quede caracterizada: permanecer en la concentración pese a los avisos, con conocimiento de las violencias.
Lo que el Estado debe a todos
Sería falso decir que la cuestión planteada es ilegítima. Un Estado que deja los daños a cargo únicamente de los vecinos falta a su misión. Pero nuestro derecho descansa sobre un principio antiguo y protector: cada cual responde de sus propias faltas, no de las de los demás. Una responsabilidad colectiva, apoyada en el embargo de las prestaciones familiares y ahora del RSA, afectaría en primer lugar a los hogares más modestos, y a menudo a padres por faltas cometidas por sus hijos. La sanción golpearía allí donde la solidaridad nacional debe proteger.
El riesgo es también práctico. Un manifestante pacífico que no haya oído un aviso, o que no pueda abandonar una marcha bloqueada, podría acabar endeudado. En un país donde la confianza entre la juventud y las instituciones ya es frágil, el miedo a pagar por otros podría disuadir a muchos más ciudadanos que alborotadores.
Otra vía
El Senado tiene la ocasión de hacer un trabajo útil. Podría concentrar el esfuerzo en la identificación de los verdaderos autores, crear un fondo de garantía para indemnizar rápidamente a comerciantes y municipios, y excluir los mínimos sociales del ámbito de los embargos. La firmeza contra la violencia es un deber del Estado. Solo vale si sigue siendo justa. La pregunta que se plantea a los senadores el martes es, por tanto, sencilla: ¿quieren castigar a los alborotadores o asustar a quienes se manifiestan?
Artículo redactado con la ayuda de la inteligencia artificial.
El autor
La Rédaction LSR — La rédaction de LSR Media.
