Cumbre Rusia-África: Putin se sueña como campeón anticolonial, Europa debe responder con una oferta más justa
En Moscú, Vladímir Putin reúne desde el miércoles a delegaciones de 48 países africanos y se presenta como el mejor socio del continente frente a un Occidente que califica de colonial. Para París y Europa, la respuesta no puede ser ni el desprecio ni la mera indignación, sino una oferta más creíble.
Traducción de un artículo publicado originalmente en francés. Leer en francés
Los hechos
Rusia acoge los días 28 y 29 de octubre en Moscú su tercera cumbre con África, tras Sochi en 2019 y San Petersburgo en 2023. Según el Kremlin, citado por la AFP, 48 países africanos han enviado una delegación, 22 de ellas encabezadas por su jefe de Estado. La cumbre está copresidida por Vladímir Putin y por el presidente burundés Évariste Ndayishimiye, presidente de turno de la Unión Africana, informa Al Jazeera. El medio catarí recuerda que 43 dirigentes acudieron en 2019, y solo 17 en 2023.
En su discurso, informa Reuters, el presidente ruso acusó a Occidente, al que califica de colonial, de seguir explotando los recursos del continente y de utilizar la deuda para frenar su desarrollo. Se mostró favorable a un mayor peso de África en el FMI y el Banco Mundial, y prometió más cereales y fertilizantes. Según la AFP, Moscú afirma haber entregado 13 millones de toneladas de productos agrícolas al continente desde principios de año, quiere producir allí medicamentos y vacunas, y deben firmarse 33 documentos, entre ellos una declaración sobre inteligencia artificial.
Las cifras invitan, sin embargo, a la mesura. Según Al Jazeera, el comercio entre Rusia y África supera los 28.000 millones de dólares, frente a unos 16.800 millones en 2019, pero sigue concentrado en unos pocos países y muy por debajo del de China o la Unión Europea. La influencia rusa pasa sobre todo por la seguridad: un grupo de analistas citado por el medio contabiliza misiones o tropas rusas en al menos nueve países africanos.
Las posiciones en juego
Para Moscú, esta cumbre ilustra el advenimiento de un mundo "multipolar". Vladímir Putin asegura, según Reuters, que las empresas rusas transforman las materias primas sobre el terreno y crean empleo, a diferencia de una explotación que califica de neocolonial. Este discurso encuentra un eco particular en el Sahel. La AFP subraya que Malí, Níger y Burkina Faso se han alejado de Francia para acercarse a Moscú, y que está prevista una reunión con el presidente de la transición maliense, Assimi Goïta, cuyo régimen se apoya en los paramilitares rusos de Africa Corps.
La víspera de la cumbre, el ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, acusó a Francia y a "ciertos países occidentales" de implicar a militares ucranianos en operaciones de sabotaje en Malí, según la agencia TASS recogida por Les Dépêches de Brazzaville. El periódico precisa que no presentó ninguna prueba. En mayo, preguntada por alegaciones similares, una fuente del Quai d'Orsay citada por la agencia Anadolu las calificó de "infundadas" y atribuyó el deterioro de la seguridad en Malí a una política rusa que tachó de "depredadora".
Por último, una sombra se cierne sobre el encuentro. En una carta abierta publicada el 27 de octubre, responsables africanos de Amnistía Internacional piden a los dirigentes presentes que exijan a Moscú el fin del reclutamiento engañoso y coercitivo de africanos enviados a combatir en Ucrania, prácticas que, según la ONG, constituyen a menudo trata de seres humanos. La AFP informa de que Nigeria, Kenia y Sudáfrica han expresado su preocupación por la suerte de sus ciudadanos.
Hay que escuchar con lealtad el argumento de los gobiernos que han hecho el viaje. Para muchos de ellos, acudir a Moscú no significa alinearse, sino diversificar sus socios y ganar peso frente a las grandes potencias. Los reproches dirigidos a los occidentales sobre el peso de la deuda, la escasa representación africana en las instituciones financieras internacionales o las promesas de ayuda incumplidas no son un invento del Kremlin.
El análisis
Precisamente por eso Francia se equivocaría si respondiera con desprecio o con la mera indignación. El discurso anticolonial de una potencia que libra una guerra de conquista en Ucrania, y cuyo reclutamiento forzoso de jóvenes africanos denuncia una ONG reconocida, encierra una contradicción evidente. Pero la contradicción no basta para convencer. Moscú prospera sobre agravios reales, y sobre el espacio dejado por quienes, durante décadas, confundieron asociación con tutela.
La tradición gaullista siempre ha sostenido a la vez dos exigencias: el respeto a la soberanía de los Estados y la fidelidad al derecho internacional. Hoy exige no dejar a Rusia el monopolio de una causa justa, la de una África mejor representada en la gobernanza mundial. Exige también recordar que la soberanía no se conquista sustituyendo una dependencia por otra, sobre todo cuando esta descansa en paramilitares y no en instituciones.
Europa dispone de bazas que Moscú no tiene: según las cifras recogidas por Al Jazeera, su comercio con África pesa mucho más que el de Rusia. Aún falta que lo convierta en una oferta política. Ello supone hablar de igual a igual, apoyar de forma concreta la reforma de las instituciones financieras que el Kremlin solo promete de palabra, y vincular la ayuda al desarrollo a las necesidades expresadas por las propias sociedades africanas: salud, educación, agricultura, transición energética.
Conclusión
Francia podría llevar al próximo Consejo Europeo una iniciativa clara: apoyo a un mayor peso de África en el FMI y el Banco Mundial, tratamiento de la deuda de los países más vulnerables a cambio de inversiones en los servicios públicos, y respaldo a los Estados africanos que piden cuentas a Moscú sobre la suerte de sus ciudadanos. La pregunta sigue abierta: ¿sabrá Europa ofrecer a África algo mejor que un discurso, antes de que otros llenen el vacío en su lugar?
Artículo redactado con la ayuda de la inteligencia artificial.
El autor
La Rédaction LSR — La rédaction de LSR Media.
