Recargo a las grandes empresas: suprimido por dos votos, cinco mil millones por encontrar
Por 79 votos contra 77, los diputados franceses suprimieron el martes por la noche la prórroga de la contribución excepcional sobre los beneficios de los grandes grupos, en contra de la opinión del Gobierno. Una votación ajustada que plantea una pregunta sencilla: ¿quién pagará los 5.000 millones de euros que faltan?
Traducción de un artículo publicado originalmente en francés. Leer en francés

El martes 27 de octubre, poco antes de las 20 horas, la Assemblée nationale suprimió el artículo 15 del proyecto de ley de presupuestos para 2027. Este artículo prorrogaba por tercer año la contribución excepcional sobre los beneficios de las grandes empresas. La votación se decidió por dos votos: 79 a favor de la supresión y 77 en contra, informa LCP. Le Figaro subraya que la decisión se tomó en contra de la opinión del Gobierno.
Los hechos
Creado en el presupuesto de 2025 para un año y prorrogado en 2026 tras el recurso al artículo 49.3, este recargo afecta a las sociedades con una cifra de negocios de al menos 1.500 millones de euros. Para 2027, el Gobierno proponía renovarlo con tipos reducidos: 15,7 % en lugar de 20,6 % para las empresas con una cifra de negocios de entre 1.500 y 3.000 millones de euros, y 31,4 % en lugar de 41,2 % por encima de esa cifra, según el detalle del texto publicado por Légifiscal. La recaudación prevista pasaba así de unos 7.500 millones de euros en 2026 a 5.000 millones en 2027, según las estimaciones del Gobierno.
Según LCP, la supresión fue votada por la Droite républicaine, el Rassemblement national, la UDR, Horizons y dos diputados de Ensemble pour la République. La izquierda se opuso, al igual que el ponente y el Gobierno, que habían emitido una opinión desfavorable sobre las nueve enmiendas de supresión.
Esta votación no es definitiva. La votación solemne sobre el conjunto de la parte de ingresos está prevista para el 3 de noviembre, según el Journal du Net, y LCP considera probable un rechazo de esta parte y, después, el recurso al artículo 49.3 o a las ordenanzas. El Gobierno mantendría entonces el control sobre la versión final.
Las posiciones enfrentadas
Los partidarios de la supresión invocan la palabra dada y la competitividad. La diputada de Horizons Félicie Gérard sostuvo, según LCP, que una contribución «excepcional» renovada tres años seguidos ya no lo es realmente. El diputado de Ensemble pour la République Charles Sitzenstuhl ve en ella una desventaja en la competencia europea e internacional:
un boulet aux pieds des entreprises — Charles Sitzenstuhl
Estos argumentos merecen ser escuchados. Un Estado que promete una medida temporal y la prorroga indefinidamente mina la confianza de los inversores, y las comparaciones de Eurostat sitúan a Francia entre los países europeos con mayor presión fiscal obligatoria. El Rassemblement national, por boca de Jean-Philippe Tanguy, denunció por su parte una política fiscal hecha de «rustines» (parches), sin coherencia de conjunto.
En la izquierda, la lectura es la contraria. El presidente de la comisión de finanzas, Éric Coquerel (LFI), considera que esta votación aumenta el déficit en 5.000 millones de euros, informa LCP. La socialista Estelle Mercier defendía, al contrario, una vuelta al nivel de 2025. El ministro de Economía, Roland Lescure, buscó una vía intermedia, al estimar que la verdad se situaba «un peu entre les deux» (un poco entre ambas) y que las multinacionales podían contribuir a la recuperación del país.
El análisis
La primera lección es aritmética. El primer ministro Sébastien Lecornu presentó en septiembre un esfuerzo de 54.000 millones de euros para situar el déficit en torno al 4,8 % del PIB, según Public Sénat. Este esfuerzo descansa sobre todo en el control del gasto: congelación del índice salarial de los funcionarios y freno del gasto social y local. Retirar 5.000 millones de ingresos sin compensarlos supone trasladar mecánicamente la carga a otra parte. Y esa otra parte suele ser los servicios públicos, las administraciones locales y los hogares modestos.
La segunda lección es política. La votación une a la derecha, al centroderecha y a la extrema derecha en torno a una rebaja fiscal dirigida a unos 300 grandes grupos (según una estimación de Les Échos recogida por DAF Mag), mientras al resto del país se le piden esfuerzos. Se puede defender la competitividad sin perder de vista la cohesión nacional. El gaullismo social nunca enfrentó a la empresa con el interés general: pedía a cada uno que contribuyera según sus medios, sobre todo en los momentos difíciles.
La tercera lección se refiere al método. Con 77 y 79 votos, esta votación movilizó apenas a algo más de una cuarta parte de los 577 diputados. Una decisión de varios miles de millones de euros depende así de la presencia en el hemiciclo durante una sola noche. Ambos bandos deberían preocuparse, porque esta fragilidad alimenta el recurso reiterado al artículo 49.3, que todos dicen querer evitar.
Por último, el debate sobre el carácter «excepcional» del recargo es legítimo, pero exige una respuesta de fondo y no una supresión sin más. Si la contribución debe perdurar, más vale asumirla e integrarla en una reforma clara del impuesto de sociedades que renovarla cada otoño al albur de mayorías de circunstancias.
Conclusión
El Gobierno aún dispone de herramientas para restablecer la medida, como hizo en 2026. Pero la cuestión va más allá de este artículo. En lugar de prorrogar cada año un impuesto provisional, ¿por qué no abrir un verdadero debate sobre una contribución permanente y proporcionada de los mayores grupos, acompañada de un compromiso claro sobre el uso de los ingresos, en beneficio de la escuela, el hospital y la transición ecológica?
Artículo redactado con la ayuda de la inteligencia artificial.
El autor
La Rédaction LSR — La rédaction de LSR Media.
