Impuesto por gigabyte aprobado por un voto: gravar a los gigantes digitales merece algo mejor que un hemiciclo vacío
El viernes 30 de octubre, la Asamblea Nacional aprobó, en contra de la opinión del Gobierno, una enmienda socialista que gravaría cada gigabyte enviado por los proveedores de contenidos a los abonados franceses. El objetivo de justicia fiscal es legítimo, pero la herramienta elegida y las condiciones de la votación plantean serias dudas.
Traducción de un artículo publicado originalmente en francés. Leer en francés

Los hechos
La votación se decidió por un solo voto. Según el acta oficial de la Asamblea Nacional, la enmienda n.º 1358 al proyecto de ley de presupuestos para 2027, presentada por el diputado socialista Laurent Lhardit, fue aprobada el viernes 30 de octubre por 11 votos contra 10, con 35 votantes y 21 votos emitidos. Un texto idéntico había sido rechazado en la comisión de finanzas el 9 de octubre, recuerda el sitio Télé Satellite et Numérique.
El dispositivo crea un impuesto sobre los productores de datos digitales. Según el texto de la enmienda, detallado por PolitiqueMatin y Next, ascendería a 0,055 euros por gigabyte transmitido a los abonados de los proveedores de acceso a Internet en Francia. Lo pagaría la empresa que emite los datos, y no el operador, con un límite del 15 % del volumen de negocio realizado en Francia o del 2 % del volumen de negocio mundial. Los operadores medirían los volúmenes y los transmitirían a la administración tributaria, bajo el control de la Arcep. Las modalidades técnicas se remitirían a un decreto.
Los socialistas esperan obtener unos 10.000 millones de euros al año. La exposición de motivos, citada por Télé Satellite et Numérique, menciona a Google, Meta, Amazon, Netflix y Akamai, que representarían en conjunto cerca de la mitad del tráfico medido por la Arcep.
Las posiciones
En el pleno, Laurent Lhardit defendió una medida que recaería ante todo sobre los gigantes digitales mundiales, en nombre de la equidad con los comercios implantados en Francia. La calificó así, según el acta:
técnica, jurídica y fiscalmente sólida — Laurent Lhardit, diputado del PS
Asegura que respetaría la neutralidad de la red, ya que se basa en un volumen medido a la entrada de las redes, y cifró su coste para el grupo TF1 entre 200.000 y 300.000 euros.
El ponente general del presupuesto, Philippe Juvin, emitió una opinión desfavorable: teme que las grandes plataformas, en posición de fuerza en su mercado, repercutan la carga sobre los anunciantes. El ministro de Cuentas Públicas, David Amiel, también se opuso. Considera que el dispositivo exigiría sensores de flujo, o una medición a nivel de los terminales, y que la mitad de lo recaudado, unos 5.000 millones de euros, afectaría a proveedores más modestos, sobre todo franceses. Recordó que ya existen herramientas, como el impuesto sobre los servicios digitales y el derecho de la competencia, y citó la multa de 4.100 millones de euros impuesta a Google por la Comisión Europea.
En la prensa especializada predomina el temor a una repercusión sobre los abonados. Clubic considera posible una subida de precios, pero no automática, ya que las plataformas también podrían reducir sus márgenes. Télé Satellite et Numérique, a partir de su propia simulación, estima que una familia de cuatro personas que consume mucho vídeo podría representar varios cientos de euros de impuesto al año, y señala que el texto no precisa cómo se articulan los dos límites.
El análisis
El punto de partida es acertado. Las grandes plataformas obtienen una parte considerable de su valor del mercado francés mientras declaran la mayor parte de sus beneficios en otros lugares, y exigen mucho de unas redes financiadas por otros. Pedir una contribución a quienes más se benefician de este bien común es justicia fiscal en su forma más clásica. Francia ya ha sabido innovar en este terreno: Jacques Chirac hizo aprobar en 2006 la contribución solidaria sobre los billetes de avión, que se convirtió en un modelo internacional.
Pero una buena causa no hace un buen impuesto. Gravar el volumen en lugar del valor supone golpear al audiovisual público, a las plataformas francesas, a los editores de videojuegos o a los usos educativos del mismo modo que a los actores dominantes. Si la estimación del ministro se confirma, la mitad de la carga no recaería sobre los gigantes. Y si el impuesto se repercutiera, como temen varios observadores, se convertiría de hecho en un impuesto sobre el consumo, más pesado para las familias numerosas y los hogares modestos, para quienes el streaming suele ser un ocio esencial. Sería lo contrario del objetivo declarado.
Queda la cuestión democrática. Según Next, solo 35 diputados participaron en la votación. La AFP describe una sesión muy poco concurrida y unos debates deslavazados. Que una medida anunciada en 10.000 millones de euros se apruebe por 11 votos contra 10, en contra de la opinión del ponente general y del Gobierno, no engrandece al Parlamento, sea cual sea el bando que gane. Además, el texto no es definitivo: todavía debe superar la votación de la primera parte y después el Senado, de mayoría de derecha, donde su aprobación parece poco probable según Next. La AFP considera incluso probable un rechazo global del texto, y el Gobierno podría recurrir al 49.3 sin conservar esta enmienda.
Conclusión
Sería lamentable que el proceso legítimo contra la herramienta acabara con el objetivo. Francia ya dispone de un impuesto sobre los servicios digitales, y la Unión Europea ha demostrado que sabe sancionar los abusos de las grandes plataformas. El camino más sólido pasa por ahí: un impuesto basado en el valor generado en Francia, llevado si es posible a escala europea para no exponer a nuestro país en solitario a represalias comerciales, en lugar de un impuesto sobre el volumen aprobado en un hemiciclo desierto. La pregunta planteada a los grupos es, por tanto, sencilla: ¿intentarán convertir esta votación de un viernes en una reforma duradera y justa, o se conformarán con un símbolo?
Artículo redactado con la ayuda de la inteligencia artificial.
El autor
La Rédaction LSR — La rédaction de LSR Media.
